miércoles, 12 de junio de 2013

Michael Milken


Robert Michael Milken (nacido el 04 de julio 1946 en Encino, California) es un inversionista estadounidense que creó el mercado de bonos de alto rendimiento (también llamados bonos de basura) durante los años 1970 y 1980.
 
Milken tenía orígenes modestos, pues era el hijo de un contable de California, hasta que la fortuna tocó a su puerta en 1977, con tan sólo 30 años, convirtiéndole en un hombre muy rico.

Después fue enviado a prisión por cargos relacionados con las finanzas, sus detractores lo citaron como el epítome de la “avaricia” de Wall Street durante la década de 1980, y lo apodaron el Rey Junk Bond.

Milken fue acusado de 98 cargos de fraude en 1989 como resultado de una investigación de abuso de información privilegiada. Después de un acuerdo con el fiscal, Milken se declaró culpable de seis violaciónes; no fue acusado de crimen organizado ó tráfico de información privilegiada. 

Fue condenado a diez años de prisión, pero fue liberado después de menos de dos años. Con una fortuna con un  valor neto estimado de alrededor de $2.1 mil millones a partir de 2007, ocupa el puesto Nº 458 por la revista Forbes entre las personas más ricas en el mundo.

Se graduo en la Universidad de Berkeley en California, Milken pasó a recibir su título de maestría en Administración de Empresas de la Universidad de Pennsylvania Wharton School. Mientras en Wharton, fue influenciado por los estudios de crédito del W. Braddock Hickman, ex presidente del Banco de la Reserva Federal de Cleveland, quien señaló que una cartera de bonos sin grado de inversión ofrece ganancias con ” riesgo ajustado” más altas que las de una cartera de grado de inversión.

Después de terminar su MBA, se unió con Drexel Burnham, un banco de inversión como director de investigación de bonos de baja calidad.  El convenció a su nuevo jefe, Tubby Burnham a crear un departamento de negociación de bonos de alto rendimiento una operación que pronto ganó un notable retorno del 100% de la inversión original.

¿Han visto ustedes la película "Wall Street"? 

Quien la haya visto recordará que el personaje central de la película es un especulador sin demasiados escrúpulos interpretado por Michael Douglas (ganó un Osear en 1987 por ese papel) llamado en la película Gordon Gecko y no sé si saben que el director de la película, que fue el famoso Oliver Stone, se inspiró para crear su personaje en Michael Milken, el rey de los bonos basura.

En ese año Milken intentó con éxito romper el tradicional mercado de los bonos que tan sólo estaba destinado a las compañías con ratings muy altos y si podía ser triple A mejor. Era inconcebible que se pudiera emitir deuda de una pequeña compañía que tuviera riesgo de quiebra.

Milken se dio cuenta de que ahí había un gran nicho de mercado sin explotar.

Tuvo un razonamiento que parece mentira no se les ocurriera antes a otros: si muchas de aquellas pequeñas compañías emitían bonos a la vez y el inversor institucional tomaba posiciones en muchas de ellas, su riesgo de quiebra quedaría minimizado, alguna que otra caería pero el alto tipo de interés que recibía a cambio le compensaría con creces. 

La posición de Milken era ideal para aquello, pues era el director del departamento de bonos de una firma de Wall Street llamada Drexel Burnham Lambert.
 
La idea cuajó lentamente. Al principio todos eran reacios a operar en este mercado, pero poco a poco el mercado creado y dirigido en exclusiva por Milken y la firma Drexel iba creciendo.

Alrededor del año 1983 estaba maduro y a partir de ahí el crecimiento sería meteórico. En dicha fecha ya había unos 20.000 millones de dólares en aquel emergente mercado. 

Como ellos eran los creadores de mercado, las comisiones que cobraban eran muy altas, ó se pasaba por taquilla ó no se colocaba la emisión. 

De aquellos 20.000 millones de dólares, no menos de 500 millones de dólares se los habían llevado en comisiones Drexel y Milken.
 
El mercado se disparó. Poco a poco, varios años después, llegaría a ocupar más de 200.000 millones de dólares en lotes de un millón de dólares en aquellos llamados bonos basura. 

Tengamos en cuenta que Milken y Drexel se llevaban entre el 1 y el 3 por ciento de comisión, por lo que sus beneficios son fáciles de calcular. En 1986 Milken reconoció haber ganado 715 millones. Como dijo la prensa, Milken ganaba más que el PIB de un país pequeño. Entre 1983 y 1987 reconoció haber ganado más de 1000 millones de dólares y ya en 1987 se puso un sueldo fijo de ¡550 millones de dólares! que por supuesto se embolsó.
 
La verdad es que la idea era buena y a los inversores no les iba mal, porque sencillamente la diversificación provocaba justo lo que Milken había previsto. Alguna que otra compañía caía y no podía pagar sus deudas y sus obligaciones emitidas, pero la mayoría seguían adelante y el alto tipo de interés pagado compensaba a los inversores.
 
Sin embargo, todo aquello empezó a deteriorarse cuando una serie de inversores sin escrúpulos entraron en acción. Necesitaban dinero, mucho dinero, para devorar a otra compañías, la mayoría de las veces con fines totalmente especulativos.
 
El procedimiento era el de siempre. Se dirigían a Milken pidiendo cantidades astronómicas por las que estaban dispuestos a pagar altos tipos de interés. Una vez conseguido el dinero, presentaban una OPA hostil contra otra empresa que no podía resistir la avalancha. Este tipo de operaciones se disparó, provocando que empresas e inversores que normalmente no hubieran podido atacar a otras empresas lo pudieran hacer. 

No hacía falta gran cosa, Milken lo financiaba todo.
 
La consecuencia fue una constante guerra entre compañías que provocó nerviosismo y una gran inseguridad, en cualquier momento uno temía que apareciera un tiburón de las finanzas e intentara desestabilizar su compañía. En muchos casos los intentos de OPA rozaban el chantaje.
 
Mientras, Milken seguía ganando fortunas. Aunque estas operaciones a la larga serían las que causaron la caída de aquel hombre inmensamente rico.
 
Primero cayó uno de sus clientes, Ivan Boesky, un especulador de altos vuelos que había incurrido en algunos asuntos oscuros y culpado de utilizar información no legal en sus operaciones. Llegó a un trato para salvarse acusando a Milken y a su compañía Drexel. Era 1988, era el principio del fin. Al final, gracias a ese pacto con Boesky, la fiscalía acusó a Milken de 98 cargos nada menos y le pidió 30 años de cárcel. Milken, que tenía mucho dinero, intentó llegar a otro pacto y pagó más de 600 millones de dólares en multas, pero el juicio siguió su curso.
 
En 1989 lo dejaba todo para ponerse al frente de un equipo de abogados que le costaba más de 250.000 dólares a la semana. Pero en el momento que dejó de controlar aquel mercado que dependía exclusivamente de él, Drexel Lambert no supo hacerlo sin la presencia de su estrella. Además, la confianza de todos se vino abajo y todo se derrumbó. Poco después, en el año 1990 la firma no tenía más remedio que declararse en quiebra en pleno caos.
 
A partir de aquí llega un período que no queda claro pues, según Milken, éste llegó a un acuerdo en 1990 por el que se declaraba culpable de cinco cargos del total de noventa y ocho que se le imputaban y aceptaba el pago de una fortuna en multas para no ir a la cárcel. Sin embargo, poco tiempo después se llevaba una tremenda sorpresa porque era sentenciado a 10 años.
 
Había mucha gente que siempre le consideró una víctima, pues él había creado un sistema completamente legal y si lo miramos fríamente así fue; pero otros lo consideraron un estafador. La verdad es que las cosas aún, 10 años después, no están nada claras y sigue pareciendo que en realidad era inocente de la mayoría de los cargos de los que le acusaban. Él y todos lo que le rodeaban siempre dijeron que no se había respetado el pacto, aunque el caso es que finalmente sólo cumplió meses, quedando libre en 1993, y el pago quedó reducido a menos de 50 millones dólares de multa, con el mandato de no dedicarse nunca a actividades similares.
 
Pero el destino, que le había dado tanta riqueza y que luego lo metió en la cárcel, aún no había terminado y en 1993, justo el día que salía de prisión, los médicos le comunicaron que tenía cáncer de próstata y que le quedaba poco más de un año de vida con suerte. Su padre ya había fallecido de esta cruel enfermedad. 

Milken no se resignó, luchó con todas sus fuerza contra la enfermedad, consiguió que los médicos se equivocaran viviendo hasta la fecha y siendo uno de los principales filántropos mundiales en la lucha contra el cáncer, llegando a escribir incluso un libro titulado "The Taste for Living Cokkbook" y habiendo donado cerca de 10.000 millones de las antiguas pesetas de su fortuna personal para esta causa.
 
Es la intensa historia de uno de los hombres más ricos del mundo, la historia de un luchador, la historia de Michael Milken, el rey de los bonos

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